Yamakavagga · Los pares · Gāthā 8

Asubhānupassiṃ viharantaṃ, indriyesu susaṃvutaṃ; bhojanamhi ca mattaññuṃ, saddhañca āraddhavīriyaṃ, taṃ ve nappasahati māro, vāto selaṃva pabbataṃ.

asubhānupassiṃ viharantaṃ, indriyesu susaṃvutaṃ; bhojanamhi ca mattaññuṃ, saddhañca āraddhavīriyaṃ, taṃ ve nappasahati māro, vāto selaṃva pabbataṃ.

A quien vive contemplando lo impuro, con los sentidos bien controlados, moderado en el comer, con fe y ardiente energía, Māra no puede derribarlo, como el viento no puede mover una montaña rocosa.

El par opuesto del verso anterior: misma estructura, resultado invertido. Asubhānupassiṃ — contemplar la naturaleza insatisfactoria de lo condicionado — no es pesimismo sino realismo soteriológico. Ver las cosas como son, sin el barniz de la ilusión, protege de la desilusión futura.

La montaña de roca (sela pabbata) frente al árbol débil del verso anterior: la imagen habla de solidez, de arraigo, de una base que no depende de condiciones favorables. El practicante que ha cultivado disciplina, moderación, fe (saddhā) y esfuerzo ardiente (āraddhavīriya) tiene esa solidez interna.

Saddhā en pāli no es fe ciega sino confianza basada en la experiencia directa. Se parece más a la śraddhā del yoga: la confianza en el camino que surge de haber caminado ya una parte. Es dinámica, creciente, apoyada en la práctica real.

Āraddhavīriya — energía ardiente, aplicada con persistencia — es lo que los yoguis llaman tapas: el calor transformador que se genera cuando la voluntad se aplica de manera sostenida. Sin esfuerzo real, la práctica se convierte en decoración espiritual.