Appamādavagga · La vigilancia · Gāthā 21
Appamādo amatapadaṃ, pamādo maccuno padaṃ; appamattā na mīyanti, ye pamattā yathā matā.
appamādo amatapadaṃ, pamādo maccuno padaṃ; appamattā na mīyanti, ye pamattā yathā matā.
La vigilancia es el camino hacia lo inmortal; la negligencia es el camino hacia la muerte. Los vigilantes no mueren; los negligentes son como si ya estuvieran muertos.
La apertura del segundo vagga introduce appamāda — vigilancia, atención no-negligente, el opuesto del descuido. Esta palabra es tan central para el Buda que se dice que sus últimas palabras fueron: Vayadhammā saṅkhārā, appamādena sampādetha — “Todas las cosas condicionadas son impermanentes; completad vuestra liberación con vigilancia.”
Amatapadaṃ — el camino hacia lo inmortal: amata es literalmente “lo no muerto”, el equivalente pāli del sánscrito amṛta. La inmortalidad aquí no es vida eterna en el sentido ordinario sino nibbāna, la cesación del ciclo de nacimiento y muerte condicionados. El camino hacia ese estado no-condicionado es la vigilancia continua.
Pamādo maccuno padaṃ — la negligencia es el camino hacia la muerte: quien vive en el descuido, dejando que los hábitos automáticos y las pasiones gobiernen sin examen, está en cierto sentido ya muerto — viviendo sin la conciencia que haría de la vida algo genuino.
Appamattā na mīyanti — los vigilantes no mueren: en el nivel relativo, también ellos mueren físicamente. La inmortalidad es de otro orden: quien ha despertado a la naturaleza de la realidad no nace y muere dentro del sueño de la ilusión. Ha salido del ciclo.
En la práctica cotidiana, appamāda es sencillamente estar presente: en cada acto, en cada conversación, en cada respiración. La iluminación no es un estado futuro que se alcanza; es la cualidad de presencia que se cultiva ahora.