Pupphavagga · Las flores · Gāthā 45

Sekho pathaviṃ vijessati, yamalokañca imaṃ sadevakaṃ; sekho dhammapadaṃ sudesitaṃ, kusalo pupphamiva pacessati.

sekho pathaviṃ vijessati, yamalokañca imaṃ sadevakaṃ; sekho dhammapadaṃ sudesitaṃ, kusalo pupphamiva pacessati.

El discípulo en entrenamiento conquistará esta tierra y el reino de Yama con sus dioses. El discípulo en entrenamiento recogerá el sendero del Dhamma bien enseñado, como el experto recoge flores.

Sekho — el que está en entrenamiento, el discípulo que aún no ha alcanzado la liberación pero ha puesto el pie en el sendero. Responde la pregunta del verso anterior con precisión: no el guerrero, no el sabio ya iluminado, sino el que practica, el que está en proceso.

Esta respuesta es alentadora y realista a la vez. No exige perfección previa: basta con ser un sekho, alguien comprometido con el entrenamiento. La conquista del miedo a la muerte (yamaloka) y del apego al mundo no está reservada a seres excepcionales, sino al practicante ordinario que persevera.

La imagen del recolector de flores experto (kusalo) describe una habilidad que se desarrolla. El kusala —término fundamental del canon pāli que significa tanto “hábil” como “saludable” moralmente— no es una cualidad innata sino cultivada. Así también la comprensión del Dhamma: se desarrolla a través del estudio, la reflexión y la meditación.

En la práctica del yoga, este verso recuerda que la transformación no requiere perfección inicial. El sādhaka, el practicante, no espera ser un maestro para empezar a practicar. Es precisamente en el proceso del entrenamiento donde se produce la conquista interior.