Pupphavagga · Las flores · Gāthā 56

Appamatto ayaṃ gandho, yāyaṃ tagaracandanī; yo ca sīlavataṃ gandho, vāti devesu uttamo.

appamatto ayaṃ gandho, yāyaṃ tagaracandanī; yo ca sīlavataṃ gandho, vāti devesu uttamo.

Escasa es esta fragancia, la del tagara y el sándalo. Pero la fragancia de los virtuosos llega hasta los dioses, es la más excelsa.

Appamatto ayaṃ gandho — escasa esta fragancia: appamatta no significa “sin importancia” sino literalmente “pequeña en medida”, cuantificable, limitada. Las fragancias físicas del sándalo y el tagara, por preciosas que sean, tienen límites espaciales y temporales.

Vāti devesu uttamo — llega hasta los dioses, es la más excelsa. En la cosmología budista, los deva son seres de reinos superiores, con percepciones más refinadas. El hecho de que la fragancia de la virtud llegue hasta ellos indica que trasciende el rango perceptivo humano ordinario.

Este verso continúa la escalada cualitativa del capítulo: de las flores ordinarias, pasamos al sándalo y las fragancias preciosas, y de ahí a la virtud que supera a todas. Es una retórica ascendente típica del canon pāli que usa la experiencia sensorial familiar como escalón hacia lo que la trasciende.

La práctica de sīla no es solo conducta externa: en su sentido profundo es la alineación de la voluntad con el bien, la congruencia entre intención, palabra y acción. Esta congruencia produce una coherencia interior que los seres sensibles perciben, incluso los que tienen percepciones más refinadas que la ordinaria humana.