Pupphavagga · Las flores · Gāthā 58
Yathā saṅkāradhānasmiṃ, ujjhitasmiṃ mahāpathe; padumam tattha jāyetha, sucigandhaṃ manoramaṃ.
yathā saṅkāradhānasmiṃ, ujjhitasmiṃ mahāpathe; padumam tattha jāyetha, sucigandhaṃ manoramaṃ.
Como en un montón de basura arrojado en el camino puede nacer un loto de pura fragancia y deleitoso,
Este verso es la primera mitad de uno de los dísticos más famosos del Dhammapada (58-59). La imagen es radical en su belleza: el loto (paduma) que nace del basurero en el camino principal. Saṅkāradhāna es literalmente el lugar donde se arroja la basura; mahāpathe es el gran camino, la vía principal.
Sucigandhaṃ manoramaṃ — de pura fragancia y deleitoso para la mente. El loto no absorbe la impureza del lodo: nace de él, se nutre de él en cierto sentido, pero su naturaleza es pureza. La flor de loto tiene raíces en el barro, tallo en el agua, flor sobre el agua: un símbolo perfecto de la práctica espiritual que transforma el cieno del sufrimiento en flor de sabiduría.
El loto (padma/paduma) es quizás el símbolo más importante del espiritualismo indio, budista y hindú por igual. Su capacidad de florecer en el barro sin mancharse (nīrjara en la tradición jainista, anikta en la budista) es el modelo del sabio en el mundo: presente en él, nutriéndose de él, sin ser contaminado por él.
Este verso solo puede entenderse completamente con el que le sigue. La pausa entre los dos crea una tensión poética: el loto es hermoso, sí, ¿pero qué tiene que ver con el discípulo del Buda?