Sahassavagga · El millar · Gāthā 102
Yo ca gāthā sataṃ bhāse, anatthapadasaṃhitā; ekaṃ dhammapadaṃ seyyo, yaṃ sutvā upasammati.
Yo ca gāthā sataṃ bhāse, anatthapadasaṃhitā; ekaṃ dhammapadaṃ seyyo, yaṃ sutvā upasammati.
Aunque alguien recite cien versos de palabras inútiles, mejor es una sola palabra del Dhamma que al escucharla trae calma.
El tercer verso de la secuencia introduce dhammapadaṃ — la palabra del Dhamma. Es la única vez en el texto que aparece este término que da nombre al libro entero: Dhammapada = “versos/sendero del Dhamma”.
El texto se nombra a sí mismo en este momento crucial. El Dhammapada no es una acumulación de conocimiento sino una colección de esas raras palabras que, al escucharse, producen calma. Es su propia definición práctica.
Gāthā sataṃ — cien versos: la progresión es inversa a lo esperado. Primero mil palabras, luego mil versos, luego cien versos. El número disminuye pero la superioridad de la palabra del Dhamma se mantiene.
Esta pedagogía de la concentración y la calidad sobre la cantidad es una medicina para la cultura de la sobreinformación. En un mundo donde todo el mundo produce contenido, la pregunta es: ¿qué de todo esto produce genuinamente calma?