Sahassavagga · El millar · Gāthā 106

Māse māse sahassena, yo yajetha sataṃ samaṃ; ekañca bhāvitattānaṃ, muhuttamapi pūjaye; sā yeva pūjanā seyyo, yañce vassasataṃ hutaṃ.

Māse māse sahassena, yo yajetha sataṃ samaṃ; ekañca bhāvitattānaṃ, muhuttamapi pūjaye; sā yeva pūjanā seyyo, yañce vassasataṃ hutaṃ.

Aunque alguien sacrificara con mil monedas mes tras mes durante cien años, rendir homenaje incluso por un momento a un ser que se ha cultivado es mejor que cien años de sacrificio.

Māse māse sahassena yo yajetha sataṃ samaṃ — sacrificar con mil mes tras mes durante cien años: representa una devoción y riqueza sin igual. El número total sería astronómico para la economía de la época.

Ekañca bhāvitattānaṃ muhuttamapi pūjaye — rendir homenaje incluso por un momento a quien se ha cultivado: bhāvitattā es el que ha cultivado su propio ser. Este cultivo del yo — en el sentido budista, no el engrandecimiento del ego sino su purificación — produce una presencia que vale más que cualquier tesoro.

Sā yeva pūjanā seyyo — ese homenaje es mejor: la forma de pūjā más eficaz no es la que cuesta más materialmente sino la que se dirige al ser más realizado.

Un momento de genuina reverencia al maestro iluminado supera siglos de rituales externos. Esta enseñanza sitúa al ser humano transformado por encima de los dioses rituales.