Yamakavagga · Los pares · Gāthā 5

Na hi verena verāni, sammantīdha kudācanaṃ; averena ca sammanti, esa dhammo sanantano.

na hi verena verāni, sammantīdha kudācanaṃ; averena ca sammanti, esa dhammo sanantano.

El odio nunca cesa por el odio; solo cesa por el amor. Esta es la ley eterna.

Uno de los versos más célebres del Dhammapada, y quizás el más universalmente reconocido. Verena verāni — odio por odio — nunca cesa (na sammanti). La violencia que responde a la violencia no resuelve nada; añade más nodos a la red del conflicto. La historia humana es el comentario más largo a este verso.

Averena — por el no-odio, por la ausencia de enemistad — es el único disolvente. No pasividad, no ingenuidad, sino la actitud radical de no alimentar el fuego con más combustible. Mettā, el amor benevolente de la tradición budista, no es sentimentalismo: es la comprensión de que el otro que actúa desde el odio está sufriendo, y que responderle desde el odio solo perpetúa ese sufrimiento en cadena.

Esa dhammo sanantano: esta es la ley eterna, el dharma primordial. No una norma moral impuesta desde fuera, sino una descripción de cómo funciona la realidad. Igual que la ley de la gravedad no pide ser creída para operar, esta ley opera independientemente de nuestra aceptación.

En el yoga, este principio se llama ahiṃsā — no-daño. El primero de los yamas no es solo no herir físicamente; es el cultivo activo de una actitud mental en la que no hay espacio para el odio. Patañjali y el Buda, en el mismo siglo, señalaron en la misma dirección.