Pupphavagga · Las flores · Gāthā 51
Yathāpi ruciraṃ pupphaṃ, vaṇṇavantaṃ agandhakaṃ; evaṃ subhāsitā vācā, aphalā hoti akubbato.
yathāpi ruciraṃ pupphaṃ, vaṇṇavantaṃ agandhakaṃ; evaṃ subhāsitā vācā, aphalā hoti akubbato.
Como una flor hermosa de brillante color pero sin fragancia, así las palabras bien dichas son estériles para quien no las practica.
Ruciraṃ pupphaṃ vaṇṇavantaṃ agandhakaṃ — flor hermosa de color pero sin fragancia. La flor existe, es real, tiene belleza visible — pero le falta algo esencial. El color atrae la mirada pero sin fragancia no hay sustancia, no hay la presencia invisible que trasciende lo visual.
Subhāsitā vācā aphalā hoti akubbato — las palabras bien dichas son estériles para quien no las practica. Subhāsita son las palabras bien habladas, hermosas, correctas — la enseñanza del Dhamma en su forma verbal. Pero sin kubbato —quien las practica, quien las hace (kubba viene de karoti, hacer)— son como la flor sin fragancia.
Esta es una de las críticas más directas al intelectualismo religioso: el conocimiento teórico del Dhamma sin práctica real es hermoso pero ineficaz. Puede impresionar a los oyentes como una flor impresiona a los ojos, pero no transforma.
La fragancia de una flor llega incluso sin mirarla, penetra paredes, viaja con el viento. Así la práctica real del Dhamma: se manifiesta en la presencia del practicante incluso cuando no habla. No necesita anunciarse. La práctica da a las palabras su fragancia, su capacidad de penetrar y transformar.