Los tiempos·Capítulo 3·Versículo 14

יָדַ֗עְתִּי כִּ֠י כׇּל־אֲשֶׁ֨ר יַעֲשֶׂ֤ה הָאֱלֹהִים֙ ה֚וּא יִהְיֶ֣ה לְעוֹלָ֔ם עָלָיו֙ אֵ֣ין לְהוֹסִ֔יף וּמִמֶּ֖נּוּ אֵ֣ין לִגְרֹ֑עַ וְהָאֱלֹהִ֣ים עָשָׂ֔ה שֶׁיִּרְא֖וּ מִלְּפָנָיו

He comprendido que todo lo que Dios hace es perpetuo; no se puede añadir ni quitar. Y Dios lo hace para que lo teman.

Le-olam (לְעוֹלָם) — para siempre, perpetuamente. La obra divina es completa: lo yosif ve-lo yigroa (לֹא יוֹסִיף וְלֹא יִגְרַע) — no se añade ni se quita. Es la misma declaración del pūrṇa (lo completo, lo pleno) de la Śānti Mantra: pūrṇamadaḥ pūrṇamidam — “eso es pleno, esto es pleno; de la plenitud, la plenitud emerge” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad V.1.1). Nada falta; nada sobra.

Yirah (יראה) — temor, reverencia, awe — es la respuesta adecuada ante lo completo. No es terror (pachad) sino la reverencia (yirat ha-kavod) del que se detiene ante lo que no puede modificar.