Los tiempos·Capítulo 3·Versículo 17

אָמַ֤רְתִּי אֲנִי֙ בְּלִבִּ֔י אֶת־הַצַּדִּיק֙ וְאֶת־הָ֣רָשָׁ֔ע יִשְׁפֹּ֖ט הָאֱלֹהִ֑ים כִּי־עֵ֣ת לְכׇל־חֵ֔פֶץ וְעַ֥ל כׇּל־הַמַּעֲשֶׂ֖ה שָׁם

Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, porque hay un tiempo para cada propósito y para cada obra.

Et ha-tzaddiq ve-et ha-rasha (אֶת־הַצַּדִּיק וְאֶת־הָרָשָׁע) — al justo y al impío. El juicio divino es la esperanza del saṃsāra: que al final, la justicia se hará. En el karma-mīmāṃsā, la ley de causa y efecto asegura que ninguna acción queda sin fruto. Pero Qohelet plantea el juicio como hipótesis, no como certeza: amarti (dije), no yadati (sé). El yogui no espera justicia del mundo; cultiva dharma como acción libre de apego al resultado.