Los tiempos·Capítulo 3·Versículo 18
אָמַ֤רְתִּי אֲנִי֙ בְּלִבִּ֔י עַל־דִּבְרַת֙ בְּנֵ֣י הָאָדָ֔ם לְבָרָ֖ם הָאֱלֹהִ֑ים וְלִרְא֕וֹת שְׁהֶם־בְּהֵמָ֥ה הֵ֖מָּה לָהֶם
Dije en mi corazón, respecto a los seres humanos: Dios los prueba para que vean que son como bestias.
Li-rot she-hem behemah hemmah la-hem (לִרְאוֹת שְׁהֶם־בְּהֵמָה הֵמָּה לָהֶם) — para que vean que son como bestias. La prueba divina es la revelación de la naturaleza compartida: humano y bestia, misma carne, mismo miqreh (destino). En el Chāndogya Upaniṣad, el maestro Uddālaka demuestra a Śvetaketu que el ātman es uno en todas las formas. Qohelet lo dice sin consuelo: si somos como bestias, ¿qué dignidad nos queda? El yoga responde: la dignidad no está en la forma, sino en el que conoce la forma.