Los tiempos·Capítulo 3·Versículo 19
כִּי֩ מִקְרֶ֨ה בְנֵי־הָאָדָ֜ם וּמִקְרֶ֣ה הַבְּהֵמָ֗ה וּמִקְרֶ֤ה אֶחָד֙ לָהֶ֔ם כְּמ֥וֹת זֶה֙ כֵּ֣ן מ֣וֹת זֶ֔ה וְר֥וּחַ אֶחָ֖ד לַכֹּ֑ל וּמוֹתַ֨ר הָאָדָ֤ם מִן־הַבְּהֵמָה֙ אָ֔יִן כִּ֥י הַכֹּ֖ל הָבֶל
Porque lo que les acontece a los seres humanos y lo que les acontece a las bestias es lo mismo: como muere uno, así muere la otra; todos tienen el mismo aliento. El ser humano no tiene ventaja sobre la bestia, pues todo es vanidad.
Uno de los versos más radicales de la Biblia hebrea. Miqreh bené ha-adam u-miqreh ha-behemah (מִקְרֵה בְנֵי הָאָדָם וּמִקְרֵה הַבְּהֵמָה) — el mismo evento, el mismo destino, miqreh. Rúach (רוּחַ) — el aliento, el espíritu — es el mismo en el humano y en la bestia. La muerte (mavet) no distingue especies.
En la tradición budista, esta igualdad es doctrina central: todos los seres sensibles están sujetos a anicca (impermanencia) y dukkha (sufrimiento). El Buda no distingue entre humanos y animales en lo fundamental de la condición sámsarica. Qohelet dice lo mismo desde la tradición hebrea.