Pupphavagga · Las flores · Gāthā 46
Pheṇūpamaṃ kāyamimaṃ viditvā, marīcidhammaṃ abhisambudhāno; chetvāna mārassa papupphakāni, adassanaṃ maccurājassa gacche.
pheṇūpamaṃ kāyamimaṃ viditvā, marīcidhammaṃ abhisambudhāno; chetvāna mārassa papupphakāni, adassanaṃ maccurājassa gacche.
Habiendo comprendido que este cuerpo es como espuma y habiendo despertado a su naturaleza de espejismo, cortando las flores venenosas de Māra, uno va más allá de la vista del rey de la muerte.
Pheṇūpama — comparable a la espuma. Esta metáfora es una de las más poderosas del canon pāli para describir la naturaleza del cuerpo. La espuma parece sólida desde lejos, tiene forma y volumen, pero al tocarse se desvanece. El cuerpo tiene la misma naturaleza: aparenta solidez pero es proceso continuo, impermanente en cada célula.
Marīcidhammaṃ — de naturaleza de espejismo. El espejismo (marīci) parece agua real en el desierto pero no sacia la sed. El cuerpo parece un yo sólido, pero investigado con atención revela ser un conjunto de procesos sin sustancia permanente. Esta doble metáfora —espuma y espejismo— apunta a las dos marcas de anicca (impermanencia) y anattā (no-yo).
Māssa papupphakāni — las flores de Māra: aquí las flores se invierten. Si en los versos anteriores eran las enseñanzas del Dhamma las que se recogen como flores, aquí son las tentaciones de Māra —sensualidad, ilusión, miedo a la muerte— las que se presentan como flores atractivas pero venenosas.
Comprender el cuerpo como espuma y espejismo no lleva al nihilismo sino a la libertad. Cuando cesa la identificación compulsiva con el cuerpo como “yo”, desaparece también el dominio de Māra, el señor de la impermanencia como amenaza. El practicante que ve claramente la naturaleza del cuerpo va adassanaṃ maccurājassa — más allá de la vista del rey de la muerte.