Pupphavagga · Las flores · Gāthā 55
Candanaṃ tagaram vāpi, uppalaṃ atha vassikī; etesaṃ gandhajātānaṃ, sīlagandho anuttaro.
candanaṃ tagaram vāpi, uppalaṃ atha vassikī; etesaṃ gandhajātānaṃ, sīlagandho anuttaro.
El sándalo, el tagara, el loto azul o el jazmín: entre estas fragancias, la fragancia de la virtud es insuperable.
El verso enumera cuatro fragancias preciosas en la India antigua: candana (sándalo, perfume ritual por excelencia), tagara (planta aromática, posiblemente Valeriana wallichii), uppala (loto azul, Nymphaea caerulea), y vassikī (jazmín, Jasminum sambac). Estas son las mejores fragancias que el mundo físico puede ofrecer.
Sīlagandho anuttaro — la fragancia de la virtud es insuperable. Anuttaro significa literalmente “sin superior”, insuperable, incomparable. La virtud (sīla) tiene una fragancia que ningún perfume físico puede igualar porque no se degrada con el tiempo, no se dispersa con el viento adverso y no necesita costosas fuentes externas.
Sīla es el primero de los tres pilares del entrenamiento budista: virtud, concentración (samādhi) y sabiduría (paññā). Sin sīla como base, el edificio de la práctica no tiene cimientos. La metáfora olfativa es particularmente apropiada: el perfume de la virtud es algo que los demás perciben antes de que uno lo explique.
En el yoga, la analogía es con tapas, svādhyāya e Īśvarapraṇidhāna del Kriyā Yoga de Patañjali. La disciplina purificada produce un brillo (tejas) que es el equivalente yóguico de esta fragancia moral. No es arrogancia sino la expresión natural de una práctica genuina.