Daṇḍavagga · El castigo · Gāthā 141
Na naggacariyā na jaṭā na paṅkā, nānāsakā thaṇḍilasāyikā vā; rajojallaṃ ukkuṭikappadhānaṃ, sodhenti maccaṃ avitiṇṇakaṅkhaṃ.
Na naggacariyā na jaṭā na paṅkā, nānāsakā thaṇḍilasāyikā vā; rajojallaṃ ukkuṭikappadhānaṃ, sodhenti maccaṃ avitiṇṇakaṅkhaṃ.
Ni la desnudez ni las rastas ni el barro, ni el ayuno ni dormir en el suelo, ni el polvo ni la suciedad ni sentarse en cuclillas purifican al mortal que no ha superado la duda.
Na naggacariyā na jaṭā na paṅkā — ni la desnudez ni las rastas ni el barro: la lista enumera prácticas ascéticas comunes en la India del Buda. Los nigaṇṭha (jainistas) practicaban la desnudez; los yoguis llevaban rastas (jaṭā); embadurnarse de barro o ceniza era práctica de los tāpasa (ascetas).
Nānāsakā thaṇḍilasāyikā — ni el ayuno ni dormir en el suelo desnudo: otras prácticas ascéticas extremas del contexto indio. Estas mortificaciones corporales eran muy respetadas popularmente como signos de avance espiritual.
Sodhenti maccaṃ avitiṇṇakaṅkhaṃ — no purifican al mortal que no ha superado la duda: kaṅkhā es la duda, la incertidumbre espiritual. Avitiṇṇa es no cruzado, no superado. Ninguna práctica externa purifica si la duda fundamental sobre la naturaleza de la realidad persiste.
Esta crítica al ascetismo externo es central en la enseñanza budista. El camino medio (majjhimā paṭipadā) rechaza tanto el hedonismo como el ascetismo extremo en favor de la práctica que realmente purifica: la transformación de la mente.