Jarāvagga · La vejez · Gāthā 156

Acaritvā brahmacariyaṃ, aladdhā yobbane dhanaṃ; senti cāpātikhīṇāva, purāṇāni anutthunaṃ.

Acaritvā brahmacariyaṃ, aladdhā yobbane dhanaṃ; senti cāpātikhīṇāva, purāṇāni anutthunaṃ.

No habiendo vivido la vida santa ni adquirido riqueza en la juventud, yacen como arcos rotos, lamentando el pasado.

Senti cāpātikhīṇāva — yacen como arcos rotos: cāpa es el arco. El arco roto (atikhīṇa) ha perdido su tensión, su capacidad de lanzar flechas. El cuerpo envejecido sin práctica espiritual ni recursos es como un arco que ha perdido toda su funcionalidad.

Purāṇāni anutthunaṃ — lamentando el pasado: anutthunaṃ es lamentar, suspirar, gemir. Los viejos sin práctica pasan su tiempo recordando con nostalgia lo que fueron y lamentando lo que no hicieron. Este lamento es el signo más claro de una vida no aprovechada.

Este verso cierra el vagga de la vejez con una imagen que combina lo físico (arcos rotos, cuerpos decrépitos) con lo psicológico (lamentación, nostalgia). La enseñanza implícita es la urgencia de la práctica en el presente: no esperar a la vejez para lamentar lo que no se hizo.

El par 155-156 funciona como advertencia compasiva: todavía estás a tiempo. No seas la garza en el estanque vacío ni el arco roto que solo puede lamentar.