Attavagga · El yo · Gāthā 160

Attā hi attano nātho, ko hi nātho paro siyā; attanā hi sudantena, nāthaṃ labhati dullabhaṃ.

Attā hi attano nātho, ko hi nātho paro siyā; attanā hi sudantena, nāthaṃ labhati dullabhaṃ.

El yo es el señor del yo; ¿quién otro podría ser el señor? Con un yo bien disciplinado, uno encuentra un señor difícil de encontrar.

Attā hi attano nātho — el yo es el señor del yo: nātha es señor, protector, refugio. Este es uno de los versos más filosóficamente densos del Dhammapada. Cada persona es su propio refugio, su propio señor. No hay un dios externo ni un salvador que pueda hacer el trabajo del autodesarrollo.

Ko hi nātho paro siyā — ¿quién otro podría ser el señor?: la pregunta retórica es una declaración de autonomía espiritual radical. Nadie puede meditar por ti, nadie puede purificar tu mente por ti, nadie puede comprender la verdad en tu lugar.

Attanā hi sudantena nāthaṃ labhati dullabhaṃ — con un yo bien disciplinado, uno encuentra un señor difícil de encontrar: el “señor difícil de encontrar” es el propio yo disciplinado. La paradoja es que el refugio que buscamos en todas partes solo se encuentra a través del trabajo sobre uno mismo.

En las últimas palabras del Buda: attadīpā viharatha, attasaraṇā — “sed lámparas para vosotros mismos, sed vuestro propio refugio”. Este verso del Dhammapada contiene la misma enseñanza en forma condensada.