Attavagga · El yo · Gāthā 161

Attanā va kataṃ pāpaṃ, attanā saṅkilissati; attanā akataṃ pāpaṃ, attanāva visujjhati; suddhī asuddhi paccattaṃ, nāñño aññaṃ visodhaye.

Attanā va kataṃ pāpaṃ, attanā saṅkilissati; attanā akataṃ pāpaṃ, attanāva visujjhati; suddhī asuddhi paccattaṃ, nāñño aññaṃ visodhaye.

Por uno mismo se hace el mal, por uno mismo se contamina; por uno mismo se deja de hacer el mal, por uno mismo se purifica. La pureza y la impureza son del individuo; nadie puede purificar a otro.

Attanā va kataṃ pāpaṃ attanā saṅkilissati — por uno mismo se hace el mal, por uno mismo se contamina: la responsabilidad kármica es absolutamente personal. No hay transferencia de culpa ni de mérito (en el sentido más estricto). Cada persona es el agente y el receptor de sus propias acciones.

Attanā akataṃ pāpaṃ attanāva visujjhati — por uno mismo se deja de hacer el mal, por uno mismo se purifica: la misma lógica en dirección positiva. La purificación es también responsabilidad individual. Nadie puede ser purificado por la gracia de otro — solo por su propia práctica.

Suddhī asuddhi paccattaṃ — la pureza y la impureza son del individuo: paccattaṃ es “personal, individual”. El adjetivo enfatiza que no hay atajos comunitarios ni transferencias institucionales de pureza.

Nāñño aññaṃ visodhaye — nadie puede purificar a otro: la declaración más radical de autonomía espiritual. Contra toda la teología de la salvación por gracia divina o mediación sacerdotal, el Buda afirma que cada persona es responsable de su propia purificación. El maestro puede señalar el camino pero no puede caminarlo por el discípulo.