Todo es vanidad·Capítulo 1·Versículo 3
מַה־יִּתְרוֹן֙ לָֽאָדָ֔ם בְּכָל־עֲמָל֖וֹ שֶׁ֣יַּעֲמֹ֔ל תַּ֥חַת הַשָּֽׁמָיִם
¿Qué provecho obtiene el ser humano de todo su esfuerzo bajo el cielo?
Esta es la pregunta que moviliza todo el libro. Yitrón (יִתְרוֹן) — provecho, ganancia, ventaja residual — es lo que queda después de todo el esfuerzo. Amál (עָמָל) — esfuerzo, fatiga, trabajo penoso — lleva en sí la connotación de trabajo que desgasta, no de labor creadora. Y tachat ha-shamayim (תַּחַת הַשָּׁמָיִם) — bajo los cielos — es la fórmula que Qohelet repite como un estribillo: el ámbito de lo humano, lo que acontece dentro del cielo pero no lo trasciende.
En el Bhagavad Gītā, Kṛṣṇa dice: karmany evādhikāras te mā phaleṣhu kadācana — “tienes derecho a la acción, nunca a sus frutos” (II.47). Qohelet va más lejos: no solo no tienes derecho al fruto, sino que el fruto mismo puede ser hével. La pregunta no es si debemos actuar, sino si la acción tiene un residuo duradero.