Todo es vanidad·Capítulo 1·Versículo 7

כָּל־הַנְּחָלִ֖ים הֹלְכִ֣ים אֶל־הַיָּ֑ם וְהַיָּ֖ם אֵינֶ֥נּוּ מָלֵ֑א אֶל־מְק֣וֹם שֶֽׁהַנְּחָלִ֗ים הֹלְכִ֛ים שָׁ֥ם הֵ֖ם שָׁבִ֥ים לָלָֽכֶת

Todos los ríos van al mar, y el mar no se llena; al lugar donde los ríos van, de allí vuelven a fluir.

Tercer ciclo natural: el sol (v.5), el viento (v.6), ahora el agua. Los tres elementos fundamentales repiten el mismo patrón: movimiento circular sin acumulación. El mar recibe todos los ríos y sin embargo no se llena; el agua vuelve a su origen y fluye de nuevo.

En la Śvetāśvatara Upaniṣad (I.5-6), se describe al Brahman como “aquello de lo cual los ríos fluyen sin llenar el mar”. La imagen es prácticamente idéntica, pero la interpretación diverge: para la upaniṣad, ese ciclo revela al inmóvil que sostiene el movimiento; para Qohelet, el ciclo mismo parece ser la totalidad — no hay nada que lo trascienda, solo hével girando sobre hével.