Todo es vanidad·Capítulo 1·Versículo 8

כָּל־הַדְּבָרִ֖ים יְגֵעִ֑ים לֹא־יוּכַ֥ל אִ֖ישׁ לְדַבֵּֽר׃ עַ֤ין לֹֽא־תִשְׂבַּע֙ מִרְאֶ֔ה וְאֹ֖זֶן מִשְׁמַ֣ע לֹ֥א תִמָּלֵֽא

Todas las cosas fatigan; nadie puede expresarlo. El ojo no se sacia de ver, ni el oído se llena de escuchar.

La insaciabilidad de los sentidos — ha-áyin (el ojo) y ha-ózen (el oído) — es una observación que el yoga comparte profundamente. Patañjali define los viṣaya (objetos sensoriales) como aquello que atrae a la mente hacia afuera, y el vairāgya (desapego) como la libertad de esa atracción (Yoga Sūtra I.15-16).

Qohelet no dice que ver y escuchar sean malos; dice que no sacian. La sed no se apaga con más agua salada. Los sentidos prometen plenitud y entregan hastío — yigéa (יְגֵעִים) es fatiga, cansancio, agotamiento. No es que el mundo sea feo; es que nunca es suficiente.