Todo es vanidad·Capítulo 1·Versículo 9
מַה־שֶּֽׁהָיָ֗ה ה֣וּא שֶֽׁיֶּהְיֶה֮ וּמַ־שֶּֽׁעָבָר֮ ה֣וּא שֶֽׁיֶּהְיֶה֒ וְאֵ֥ין כָּל־חָדָ֖שׁ תַּ֥חַת הַשָּֽׁמָיִם
Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará. No hay nada nuevo bajo el cielo.
El ritmo del hebreo es ineludible: mah she-hayá hu she-yiheyé — lo que fue es lo que será. La sentencia se cierra con la fórmula que marca todo Eclesiastés: tachat ha-shamayim — bajo el cielo. Dentro de este ámbito, todo es ciclo; nada es verdaderamente nuevo.
En la filosofía india, esta misma observación aparece como saṃsāra — la rueda de nacimientos y muertes que se repite hasta que se la ve por lo que es. Pero donde la tradición upaniṣádica ve en la repetición la invitación a trascender (tarati śokam ātmavid — “quien conoce el Ser atraviesa el sufrimiento”, Chāndogya Upaniṣad VII.1.3), Qohelet parece detenerse en la observación misma, sin prometer una salida explícita. La tensión entre estas dos posturas — ver el ciclo y buscar trascenderlo, versus ver el ciclo y declararlo inescapable — es el corazón del libro.