Todo es vanidad·Capítulo 1·Versículo 14
רָאִ֙יתִי֙ אֶת־כָּל־הַֽמַּעֲשִׂ֔ים שֶֽׁנַּעֲשׂ֖וּ תַּ֣חַת הַשָּׁ֔מֶשׁ וְהִנֵּ֥ה הַכֹּ֖ל הֶ֥בֶל וּרְע֥וּת רֽוּחַ
He visto todas las obras que se hacen bajo el sol, y he aquí: todo es vanidad y atrapar viento.
Reút rúach (רְעוּת רוּחַ) — esta es una de las expresiones más poéticas de todo Eclesiastés. Literalmente: “pastorear el viento”, “pastorear la respiración”. Ra’ah (רָעָה) es el verbo de pastorear ovejas, pero aquí el objeto es rúach — el viento, el espíritu, el aliento. Intentar atrapar el viento con las manos, intentar pastorear lo inasible.
La imagen es visceral: el pastor que extiende los brazos para reunir un rebaño que se disipa entre sus dedos. En sánscrito, vāyu es el viento y también el prana que circula. El prāṇāyāma — la práctica de trabajar con el aliento — es precisamente lo opuesto: no atrapar el viento sino observar cómo se mueve, y en esa observación encontrar quietud. Qohelet describe el estado de quien intenta aferrar; el yoga propone el estado de quien suelta.