El placer y la sabiduría·Capítulo 2·Versículo 11
וּפָנִ֣יתִי אֲנִ֗י בְּכׇל־מַעֲשַׂי֙ שֶׁעָשׂ֣וּ יָדַ֔י וּבֶעָמָ֖ל שֶׁעָמַ֣לְתִּי לַעֲשׂ֑וֹת וְהִנֵּ֨ה הַכֹּ֥ל הֶ֙בֶל֙ וּרְע֣וּת ר֔וּחַ וְאֵ֥ין יִתְר֖וֹן תַּ֥חַת הַשָּׁמֶשׁ
Miré entonces todas las obras que habían hecho mis manos, y el esfuerzo con que me había afanado, y he aquí: todo era vanidad y pastorear viento; no había provecho bajo el sol.
El veredicto tras el gran experimento del placer. Re’út rúach (רְעוּת רוּחַ) reaparece — pastorear viento, la imagen que selló 1:14. Pero ahora tiene peso de experiencia vivida: no es una especulación filosófica sino la constatación de quien ha recorrido el camino y vuelve con las manos vacías.
Yitrón (יִתְרוֹן) — provecho, ventaja, excedente — es el término que Qohelet usa como medida. Y la medida dice: cero. En el Yoga Vāsiṣṭha, el rey Sikhidvaja abandona su reino para buscar la libertad, recorre todas las prácticas, y al final Vasiṣṭha le dice que ni siquiera la renunciación es la respuesta. Qohelet, como Sikhidvaja, ha probado todo y encontrado que el excedente es nulo.