El placer y la sabiduría·Capítulo 2·Versículo 14

הֶחָכָם֙ עֵינָ֣יו בְּרֹאשׁ֔וֹ וְהַכְּסִ֖יל בַּחֹ֣שֶׁךְ הוֹלֵ֑ךְ וְיָדַ֣עְתִּי גַם־אָ֔נִי שֶׁמִּקְרֶ֥ה אֶחָ֖ד יִקְרֶ֥ה אֶת־כֻּלָּם

El sabio tiene los ojos en la cabeza, y el necio camina en tinieblas; pero yo percibí que un mismo destino les sobreviene a ambos.

Enéi-ha-ḥakham beroshó (עֵינֵי הֶֽחָכָם בְּרֹאשׁוֹ) — los ojos del sabio están en su cabeza, es decir, ve lo que lo rodea, percibe la realidad. El necio (kesil) camina en tinieblas (choshekh). Pero la conjunción vegam (וְגַם) — “y también” — rompe la simetría esperada: yitrṣaḥ qōré (יִקְרֶה) — “un evento/suceso les sobreviene” a ambos. Qārā es el encuentro inevitable, el destino que no distingue.

En la Kaṭha Upaniṣad, Naciketas pregunta a Yama sobre lo que hay más allá de la muerte. Yama le ofrece riquezas, poder, placeres — todo lo que Qohelet ya probó y encontró vacío. Pero Naciketas no acepta los sustitutos. Quiere saber qué hay cuando el cuerpo cae. Qohelet, desde otro ángulo, constata que la muerte no distingue entre sabios y necios.