El placer y la sabiduría·Capítulo 2·Versículo 18

וְשָׂנֵ֤אתִי אֲנִי֙ אֶת־כׇּל־עֲמָלִ֔י שֶׁאֲנִ֥י עָמֵ֖ל תַּ֣חַת הַשָּׁ֑מֶשׁ שֶׁ֣אַנִּיחֶ֔נּוּ לָאָדָ֖ם שֶׁיִּהְיֶ֥ה אַחֲרָי

Odié todo mi esfuerzo con que me afané bajo el sol, porque tengo que dejarlo a quien venga después de mí.

El desapego (vairāgya) de Qohelet nace no de la sabiduría espiritual sino de la impotencia práctica: no puede llevarse nada. E-harosh aḥaray (אֲשֶֽׁר־יֶֽהֱרֹשׁ אַחֲרַי) — “al hombre que vendrá después de mí”. La herencia como problema: ¿quién la disfrutará? ¿Será sabio o necio?

En el Yoga Vāsiṣṭha, Lavaṇa, el rey que soñó que era un paria, despierta y ya no puede disfrutar su riqueza, porque sabe que es tan frágil como un sueño. Qohelet no necesita el sueño: ve la fragilidad directamente.