Los tiempos·Capítulo 3·Versículo 22
וְרָאִ֗יתִי כִּ֣י אֵ֥ין טוֹב֙ מֵאֲשֶׁ֨ר יִשְׂמַ֤ח הָאָדָם֙ בְּמַעֲשָׂ֔יו כִּי־ה֖וּא חֶלְק֑וֹ כִּ֣י מִ֤י יְבִיאֶ֙נּוּ֙ לִרְא֔וֹת בְּמֶ֖ה שֶׁיִּהְיֶ֥ה אַחֲרָיו
Así que he visto que no hay nada mejor que que el ser humano se alegre en sus obras, porque esa es su parte. ¿Quién lo llevará a ver lo que será después de él?
Ḥelqó (חֶלְקוֹ) — su parte, su porción — es lo que le corresponde en vida. No la trascendencia, no la salvación, sino la porción de alegría en el esfuerzo presente. Es una ética de la inmanencia: lo mejor que hay es lo que tenemos, aquí y ahora.
Mi yavienu (מִי יָבִיאֶנּוּ) — “¿quién nos llevará?” La pregunta queda abierta. La tradición yóguica responde: sva — el Sí mismo (Ātman) es quien ve lo que viene después. Pero Qohelet, en su honestidad radical, prefiere la pregunta abierta a la respuesta no verificada.