La opresión y la soledad·Capítulo 4·Versículo 8

יֵ֣שׁ אֶחָד֩ וְאֵ֨ין שֵׁנִ֜י גַּ֣ם בֵּ֧ן וָאָ֣ח אֵין־ל֗וֹ וְאֵ֥ין קֵץ֙ לְכׇל־עֲמָל֔וֹ גַּם־ לֹא־תִשְׂבַּ֣ע עֹ֑שֶׁר וּלְמִ֣י אֲנִ֣י עָמֵ֗ל וּמְחַסֵּ֤ר אֶת־נַפְשִׁי֙ מִטּוֹבָ֔ה גַּם־זֶ֥ה הֶ֛בֶל וְעִנְיַ֥ן רָ֖ע הוּא

Hay un hombre solo, sin compañero; no tiene hijo ni hermano, y no tiene fin de todo su esfuerzo, ni sus ojos se sacian de riqueza. ¿Para quién me afano y privo a mi alma del bien? También esto es vanidad y mala tarea.

Ish echad ve-eyn sheni (אִישׁ אֶחָד וְאֵין שֵׁנִי) — un hombre solo, sin segundo. El saṃsāra del solitario es el más patético: acumula sin heredero, trabaja sin testigo. En el Yoga Sūtra, samādhi también es soledad — pero de tipo distinto: la unión con el ātman que es presencia plena. El hombre de Qohelet trabaja solo porque no sabe quién es; el yogui se sienta solo porque ha encontrado quién es.