Lo incierto·Capítulo 9·Versículo 2
הַכֹּ֞ל כַּאֲשֶׁ֣ר לַכֹּ֗ל מִקְרֶ֨ה אֶחָ֜ד לַצַּדִּ֤יק וְלָרָשָׁע֙ לַטּוֹב֙ וְלַטָּה֣וֹר וְלַטָּמֵ֔א וְלַ֨זֹּבֵ֔חַ וְלַאֲשֶׁ֖ר אֵינֶ֣נּוּ זֹבֵ֑חַ כַּטּוֹב֙ כַּחֹטֶ֔א הַנִּשְׁבָּ֕ע כַּאֲשֶׁ֖ר שְׁבוּעָ֥ה יָרֵא
Todo sucede de la misma manera a todos: un mismo destino tiene el justo y el impío, el bueno y el limpio y el inmundo, el que sacrifica y el que no sacrifica; como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme jurar.
Ha-kol ka-asher la-kol mikreh echad — a todos un mismo destino. La-tzaddik ve-la-rasha — al justo y al impío. La igualdad radical del mikreh (מִקְרֶה), el azar, es la lección amarga. En el yoga, saṃsāra (संसार) no discrimina; mṛtyu (मृत्यु) llega al brāhmaṇa y al caṇḍāla. Solo mokṣa (मोक्ष) trasciende el destino común; hasta entonces, el destino es común.