Sabiduría y necedad·Capítulo 10·Versículo 11

אִם־יִשֹּׁ֥ךְ הַנָּחָ֖שׁ בְּלוֹא־לָ֑חַשׁ וְאֵ֣ין יִתְר֔וֹן לְבַ֖עַל הַלָּשׁוֹן

Si la serpiente muerde sin ser encantada, de nada sirve el encantador.

Im yishshokh ha-naḥash belo-laḥash — si la serpiente mordiere sin que nadie la encante. Ve-en yitron le-va’al ha-lashon — no hay provecho para el dueño de la lengua. La lashon (לָשׁוֹן, lengua) aquí no es solo el órgano físico sino la capacidad de encantar, de palabra, de influir. Si el peligro ya ha ocurrido, la palabra ya no sirve.

En el yoga, ahiṃsā (अहिंसा, no-violencia) es la primera de las yamas (YS II.30). Pero Qohelet va más allá de la ética: habla de pravṛtti (acción oportuna). El encantador debe actuar antes de la mordedura; el yogui debe practicar abhyāsa antes de que la avidyā se afirme. La sabiduría es preventiva, no reactiva.