Sabiduría y necedad·Capítulo 10·Versículo 20
גַּ֣ם בְּמַדָּעֲךָ֗ מֶ֚לֶךְ אַל־תְּקַלֵּ֔ל וּבְחַדְרֵי֙ מִשְׁכָּ֣בְךָ֔ אַל־תְּקַלֵּ֖ל עָשִׁ֑יר כִּ֣י ע֤וֹף הַשָּׁמַ֙יִם֙ יוֹלִ֣יךְ אֶת־הַקּ֔וֹל וּבַ֥עַל יַגֵּ֥יד דָּבָר
Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, ni en tu cámara recamada maldigas al rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y el que tiene alas dará noticia.
Gam be-mada’ekha melekh al-teḳallel — “aun en tu conocimiento, no maldigas al rey”. U-ve-ḥadrei mishkavekha al-teḳallel ashir — “ni en los círculos de tu lecho, maldigas al rico”. El hebreo mada’ (מַדָּע) aquí no es “conocimiento” sino “pensamiento interior” — la maldición que nunca sale. Pero Qohelet advierte: el pensamiento no es privado. Ki of ha-shamayim yolikh et-ha-kol — “las aves del cielo llevarán la voz”.
En el yoga, manas (मनस्, mente) es la superficie donde surgen los pensamientos, pero citta es el campo total donde permanecen como semillas (bīja, बीज). Patañjali enseña que los saṃskāra (impresiones sutiles) no necesitan ser expresados para actuar: están ahí, esperando condiciones favorables. La maldición mental no es inocua; es karma que madura en silencio.