Fe y riesgo·Capítulo 11·Versículo 3

אִם־יִמָּלְא֨וּ הֶעָבִ֥ים גֶּ֙שֶׁם֙ עַל־הָאָ֣רֶץ יָרִ֔יקוּ וְאִם־יִפּ֥וֹל עֵ֛ץ בַּדָּר֖וֹם וְאִ֣ם בַּצָּפ֑וֹן מְק֛וֹם שֶׁיִּפּ֥וֹל הָעֵ֖ץ שָׁ֥ם יְהוּא

Si las nubes están llenas, sobre la tierra derraman la lluvia; y si el árbol cae hacia el sur o hacia el norte, en el lugar donde cayó, allí queda.

Im yimmal’u ha-‘avim geshem — si las nubes están llenas, derraman lluvia. Im yippol etz ba-darom ve-im ba-tzafon — si el árbol cae al sur o al norte. Mekom she-yippol ha-etz sham yehu — “en el lugar donde cayó el árbol, allí estará”. Es la ley de la naturaleza aplicada a la condición humana: cuando algo está lleno, se vierte; cuando algo cae, queda donde cayó.

En el yoga, āpūra (आपूर, llenado) es la plenitud que, al completarse, se desborda. El citta lleno de saṃskāra vierte sus impresiones en acción; el citta lleno de nirodha vierte quietud. El árbol que cae es el karma que se cumple: no importa la dirección, el resultado está en el lugar del acto. Karma-phala (fruto del karma) no se escoge; se recoge donde se sembró.