Fe y riesgo·Capítulo 11·Versículo 7

וּמָת֖וֹק הָא֑וֹר וְט֥וֹב לַעֵינַ֖יִם לִרְא֥וֹת אֶת־הַשָּׁמֶשׁ

Dulce es la luz, y agradable a los ojos ver el sol.

U-matoḳ ha-or — “dulce (matoḳ) es la luz”. Ve-tov la-enayim li-rot et-ha-shemesh — “y bueno para los ojos ver al sol”. Es una de las frases más bellas de Eclesiastés: la simple celebración de la luz. Or (אוֹר) en hebreo no es solo luz física; es el principio primordial de Génesis 1:3. Ver el sol (shemesh) es ver la fuente misma de la vida visible.

En sánscrito, jyotis (ज्योतिस्, luz) es la esencia de lo divino. Las Upaniṣad dicen: jyotiṣāṃ jyotis tamasaḥ param — “luz de luces, más allá de la oscuridad” (Muṇḍaka Upaniṣad II.2.10). El yogui no niega el placer de la luz; lo trasciende. Ver el sol con los ojos abiertos es dṛg-dṛśya-viveka — el discernimiento entre quien ve y lo visto. Y ambos, en última instancia, son jyotis.