Fe y riesgo·Capítulo 11·Versículo 8

כִּ֣י אִם־שָׁנִ֥ים הַרְבֵּ֛ה יִחְיֶ֥ה הָאָדָ֖ם בְּכֻלָּ֣ם יִשְׂמָ֑ח וְיִזְכֹּר֙ אֶת־יְמֵ֣י הַחֹ֔שֶׁךְ כִּי־הַרְבֵּ֥ה יִהְי֖וּ כׇּל־שֶׁבָּ֥א הָבֶל

Si el hombre viviere muchos años, que se alegre en todos ellos; pero acuérdese de los días de las tinieblas, porque serán muchos. Todo lo que viene es vanidad.

Ki im shanim harbeh yiḥyeh ha-adam — si el hombre vive muchos años. Be-khulam yismakh — que se alegre en todos ellos. Ve-yizkor et-yeme ha-ḥoshekh — pero que recuerde los días de oscuridad. Ki harbeh yihyu — porque serán muchos. Kol she-ba’ hevel — todo lo que viene es hevel. La frase final es el sello de Qohelet: incluso la alegría está sellada con hével.

En sánscrito, ānanda (आनन्द, dicha) es el estado natural del ātman, pero ānanda no es negación de la oscuridad; es trascendencia de ella. El yogui celebra la luz sin olvidar que la oscuridad también existe. Yizkor (recordar) es el mismo smṛti (स्मृति) de la práctica: mantener presente lo que la mente tiende a olvidar. La memoria de la oscuridad no empaña la luz; la hace más preciosa.