Fe y riesgo·Capítulo 11·Versículo 9

שְׂמַ֧ח בָּח֣וּר בְּיַלְדוּתֶ֗יךָ וִיטִיבְךָ֤ לִבְּךָ֙ בִּימֵ֣י בְחוּרוֹתֶ֔יךָ וְהַלֵּךְ֙ בְּדַרְכֵ֣י לִבְּךָ֔ וּבְמַרְאֵ֖י עֵינֶ֑יךָ וְדָ֕ע כִּ֧י עַל־כׇּל־אֵ֛לֶּה יְבִיאֲךָ֥ הָאֱלֹהִ֖ים בַּמִּשְׁפָּט

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu mocedad; y anda por los caminos de tu corazón y por la vista de tus ojos; pero sabe que por todas estas cosas te traerá Dios a juicio.

Simahḥ bakhur be-yaldutkhekha — “alégrate, joven, en tu juventud”. Ve-hetivkha libbekha bi-yeme veḥurutkhekha — “y que tu corazón se deleite en los días de tu juventud”. Ve-halakh be-darḳhei libbekha — “y anda por los caminos de tu corazón”. El permiso parece total: goza, camina, sigue tus ojos. Pero la frase final lo redefine todo.

Ve-dah ki al-kol-eleh yevi’akha ha-Elohim ba-mishpat — “pero sabe que por todo esto Dios te llevará a juicio”. En el yoga, karma es ineludible. La Bhagavad Gītā dice: na hy akarmaṇaḥ pratyavāyaḥ — “no hay escape del karma” (III.4). El disfrute no está prohibido; está matizado por la responsabilidad. El joven puede seguir sus ojos (mar’ei enayim), pero el yogui sabe que los ojos son indriya (sentidos) y los sentidos generan saṃskāra. Goce con consciencia; deleite con viveka.