Fe y riesgo·Capítulo 11·Versículo 10

וְהָסֵ֥ר כַּ֙עַס֙ מִלִּבֶּ֔ךָ וְהַעֲבֵ֥ר רָעָ֖ה מִבְּשָׂרֶ֑ךָ כִּי־הַיַּלְד֥וּת וְהַשַּׁחֲר֖וּת הָבֶל

Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la juventud y la mocedad son vanidad.

Ve-haser ka’as mi-libbekha — “quita el enojo (ka’as) de tu corazón”. Ve-ha’aver ra’ah mi-besarekha — “y aparta el mal de tu carne”. El mandato es directo: no domesticar, no sublimar — quitar. Ha-yaldut ve-ha-shaḥarut hevel — “la juventud y la mocedad son hevel”. El consejo final de Qohelet al joven: no es que la juventud sea mala, sino que es efímera, y vivirla desde el enojo es desperdiciar el hevel que aún tienes.

En el yoga, krodha (क्रोध, ira) es una de las formas de rajas, una kleśa que nubla el citta. Patañjali prescribe pratipakṣa-bhāvanā — cultivar lo opuesto (YS II.33). El enojo es ka’as; su opuesto es shalom (quietud) o upekṣā (ecuanimidad). Y si la juventud es hevel — vapor, soplo —, ¿para qué empañarla con ra’ (mal)? El hevel puro, sin ra’ah, es lo que queda cuando el ka’as se retira.