El fin del camino·Capítulo 12·Versículo 3

בַּיּ֗וֹם שֶׁיָּזֻ֙עוּ֙ שֹׁמְרֵ֣י הַבַּ֔יִת וְהִתְעַוְּת֖וּ אַנְשֵׁ֣י הֶחָ֑יִל וּבָטְל֤וּ הַטֹּחֲנוֹת֙ כִּ֣י מִעֵ֔טוּ וְחָשְׁכ֥וּ הָרֹא֖וֹת בָּאֲרֻבּוֹת

En el día en que tiemblen los guardas de la casa y se curven los hombres fuertes, y se detengan las muelas porque han disminuido, y se oscurezcan los que miran por las ventanas.

Ba-yom she-yazu’u shomrei ha-bayit — “en el día que tiemblen los guardas de la casa”. Los guardas son los brazos y las piernas; la casa es el cuerpo. Ve-hit’avu’u anshei he-ḥayil — “y se encorven los hombres de fuerza” — la espalda que se dobla. Ve-vaṭlu ha-toḥanot ki mi’etu — “y cesen las muelas porque han disminuido”. Ve-ḥashkhu ha-ro’ot ba-arubot — “y se oscurezcan los que miran por las ventanas”.

En el yoga, el cuerpo es deha (देह) o śarīra, el vehículo del ātman. Patañjali no niega el cuerpo; lo utiliza como instrumento de purificación. Pero anitya (अनित्य, impermanencia) afecta también al deha: los guardas tiemblan, las muelas cesan. El Haṭha Yoga Pradīpikā advierte que jara (vejez) llega para todos. El sabio no se aferra al cuerpo; lo honra mientras dura y lo suelta cuando se agota.