El fin del camino·Capítulo 12·Versículo 4
וְסֻגְּרוּ דְלָתַ֙יִם֙ בַּשּׁ֔וּק בִּשְׁפַ֖ל ק֣וֹל הַטַּחֲנָ֑ה וְיָקוּם֙ לְק֣וֹל הַצִּפּ֔וֹר וְיִשַּׁ֖חוּ כׇּל־בְּנ֥וֹת הַשִּׁיר
Y las puertas de afuera se cierren, cuando baje el sonido de la muela; cuando se levante al canto del pájaro y se enmudezcan todas las hijas del canto.
Ve-sugg’ru delatayim ba-shuk — “y se cierren las puertas de afuera”. Las puertas son los oídos que ya no reciben sonido. Bi-shfal kol ha-taḥanah — “cuando baje la voz de la muela”. Ve-yakum le-kol ha-tzippor — “cuando se levante al canto del pájaro”. Ve-yishkhu kol benot ha-shir — “y se enmudezcan todas las hijas del canto”. Es la sinfonía de la vejez: el oído que ya no oye, la voz que ya no canta.
En sánscrito, śrotra (श्रोत्र, oído) es uno de los jñānendriya (sentidos de conocimiento). Cuando el śrotra se cierra, el mundo externo se silencia. El yogui no espera a la vejez para practicar pratyāhāra (प्रत्याहार, retracción sensorial); pero la vejez impone un pratyāhāra involuntario. Yogaḥ karmasu kauśalam — “el yoga es la habilidad en la acción”. La habilidad incluye saber cuándo los sentidos se retiran, y no luchar contra su retirada.