El fin del camino·Capítulo 12·Versículo 6
עַ֣ד אֲשֶׁ֤ר לֹא־ חֶ֣בֶל הַכֶּ֔סֶף וְתָר֖וּץ גֻּלַּ֣ת הַזָּהָ֑ב וְתִשָּׁ֤בֶר כַּד֙ עַל־הַמַּבּ֔וּעַ וְנָרֹ֥ץ הַגַּלְגַּ֖ל אֶל־הַבּוֹר
Antes que la cadena de plata se quiebre, y el cuenco de oro se rompa, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda se rompa sobre el pozo.
Ad asher lo-ḥevel ha-kesef — antes que la cuerda de plata se rompa. Ve-taruz gullat ha-zahav — “y el cuenco de oro se haga pedazos”. Ve-tishshaver kad al-ha-maḇua — “y el cántaro se rompa junto a la fuente”. Ve-naroz ha-galgāl el-ha-bor — “y la rueda caiga al pozo”. Las imágenes son metáforas del cuerpo en su final: la columna vertebral (cuerda de plata), el cráneo (cuenco de oro), el corazón (cántaro junto a la fuente de la vida), la rueda del tiempo.
En el yoga, deha (देह, cuerpo) es anitya — impermanente — y su fin es inevitable. El Yoga Vāsiṣṭha dice: dehādeḥaṃ naraḥ paśyet — “el sabio ve el cuerpo tras cuerpo” (III.56). No se aferra al cántaro de oro ni a la cuerda de plata. Pero ad asher lo — “antes de que” — es la advertencia de Qohelet: no esperes a la ruptura para buscar lo que no se rompe. La práctica del yoga es prepararse antes de que la rueda caiga.