El fin del camino·Capítulo 12·Versículo 9
וְיֹתֵ֕ר שֶׁהָיָ֥ה קֹהֶ֖לֶת חָכָ֑ם ע֗וֹד לִמַּד־דַּ֙עַת֙ אֶת־הָעָ֔ם וְאִזֵּ֣ן וְחִקֵּ֔ר תִּקֵּ֖ן מְשָׁלִ֥ים הַרְבֵּה
Y cuanto más sabio fue Qohelet, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e investigó, y compuso muchos proverbios.
Ve-yoter she-hayah Qohelet ḥakham — “y cuanto más sabio fue Qohelet”. Odh limmad-da’at et-ha-am — “aún más enseñó conocimiento al pueblo”. Ve-izzēn ve-ḥiqēr tiqqēn meshalim harbeh — “y escuchó, e investigó, y ordenó muchos proverbios”. Es el testimonio epilogal de Qohelet: su sabiduría no fue solo personal sino didáctica. Izzēn (hizo escuchar) es transmitir; ḥiqēr (investigar) es profundizar; tiqqēn (ordenar, componer) es dar forma.
En sánscrito, ācārya (आचार्य) es quien enseña no solo por conocimiento sino por ejemplo. Patañjali prescribe śraddhā-vīrya-smṛti-samādhi-prajñā-pūrvaka itareṣām — “para los demás, el samādhi precedido de fe, vigor, memoria y meditación” (YS I.20). Qohelet fue ācārya de su pueblo: escuchó, investigó, ordenó. El yogui que solo acumula jñāna sin transmitirlo queda incompleto.