El fin del camino·Capítulo 12·Versículo 11
דִּבְרֵ֤י חֲכָמִים֙ כַּדָּ֣רְבֹנ֔וֹת וּכְמַשְׂמְר֥וֹת נְטוּעִ֖ים בַּעֲלֵ֣י אֲסֻפּ֑וֹת נִתְּנ֖וּ מֵרֹעֶ֥ה אֶחָד
Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos bien hincados las de los maestros de las colecciones, dadas por un pastor.
Divrei ḥakhamim ka-darvanot — “las palabras de los sabios son como aguijones (darvanot)”. U-khe-mashmerot ntu’im — “y como clavos bien hincados”. Las palabras del sabio no son suaves; son punzantes, incómodas, pero precisas. El aguijón (darvan) no mata; despierta. El clavo bien hincado no se mueve; fija.
En el yoga, las palabras del guru son upadeśa (उपदेश, enseñanza cercana), y su función es precisamente bodha (despertar), no mārda (consuelo). Patañjali describe tīvra-saṃvega — el intenso deseo de liberación — como motor de la práctica (YS I.21). Los aguijones del sabio provocan ese saṃvega. El pastor (ro’eh) que da estos instrumentos es el mismo principio que guía: no la crueldad, sino el cuidado que sabe que el despertar requiere pinchazos.