Prakaraṇa 2 · Verso 12
तथात्म-शुद्धमात्रेण विश्व-भीर् विनिवर्तते
tathātma-śuddhamātreṇa viśva-bhīr vinivartate
Así, solo con la purificación del Ātman, el miedo al universo cesa.
Ātma-śuddhi —purificación del sí mismo— no es moralidad ni ritual. Es pratiprasava, retorno a la fuente: disolver la superposición de identidades para descubrir lo que siempre fue puro. El miedo al universo (viśva-bhī) no es miedo a objetos concretos; es angustia ontológica, el bhaya que sāṃkhya atribuye a avidyā (Yoga Sūtra II.5). Patañjali enumera cinco kleśa, y avidyā es la raíz; Vāsiṣṭha reduce todo a una bhrānti —confundir lo que no es el sí mismo con el sí mismo. La purificación no añade nada: no hace al Ātman más puro de lo que es. Lo que purifica es draṣṭṛ-darśana, la visión del vidente. Cuando el espejo está limpio, no cambia la cara que refleja; cambia la claridad del reflejo. El yogui no busca experiencias purificadoras, sino la sthiti estable donde la claridad es natural. En esa sthiti, el universo no deja de aparecer: simplemente deja de asustar, porque ya no se confunde con lo que se teme perder.