Prakaraṇa 2 · Verso 11

यथा रज्ज्वां विलीनायां सर्पभीर् नैव विद्यते

yathā rajjvāṃ vilīnāyāṃ sarpabhīr naiva vidyate

Como cuando la cuerda está clara, el miedo a la serpiente no existe.

El rajju-sarpa-nyāya —argumento de la cuerda-serpiente— es el clásico vedāntico para adhyāsa, superposición. No es que “creíamos” ver serpiente; la serpiente fue perciibida, no conceptualizada. El miedo fue real, la palpitación fue real, el sudor fue real. Todo fenómeno de la serpiente-torcida ocurrió vivartamāna, en modo apariencia. Cuando la luz permite ver la cuerda, la serpiente no “muere” ni se aleja: simplemente deja de ser superpuesta. No hay proceso gradual de desaparición; es nivṛtti, cese instantáneo. El yogui que practica ātma-vicāra no “elimina” sus miedos uno por uno. Reconoce la rajju —el Ātman— y todos los sarpa —las proyecciones de mundo, ego, dualidad— cesan simultáneamente. La práctica de āsana ilustra esto: cuando la postura está estable (sthira-sukha), la mente deja de buscar ajustes. No abandona el cuerpo; lo reconoce como lo que es. La estabilidad revela lo que la inquietud oculta.