Prakaraṇa 2 · Verso 27

एकम् एव परं तत्त्वं द्वैतम् आरोपितं ततः

ekam eva paraṃ tattvaṃ dvaitam āropitaṃ tataḥ

Un único tattva supremo existe; la dualidad es superpuesta sobre él.

Ekam eva paraṃ tattvaṃ: la frase fundacional del Chāndogya Upaniṣad (VI.2.1), sad eva saumyedam agra āsīt, solo existía lo real. Vāsiṣṭha la reformula en clave de āropa. No hay dos realidades; la dualidad es āropita, proyectada, superpuesta, como la serpiente sobre la cuerda. Esto es crucial: no es que la dualidad sea “mala” y deba eliminarse. Es que nunca fue real; solo parecía real. El trabajo del sādhaka no es rechazar la dualidad —eso sería aversión, dveṣa, otro kleśa— sino ver su carácter de āropa. Cuando se ve la cuerda, la serpiente no se “destruye”; simplemente deja de ser vista. Así la dualidad: no se destruye, se deja de ver. El yogui no odia el mundo dual; lo usa como medio para recordar la unidad. Cada encuentro dual —yo-otro, sujeto-objeto— es oportunidad para viveka. La práctica no es evasión; es transformación de la mirada.