Prakaraṇa 3 · Verso 37
सङ्कल्प-क्षये सति जगत्-क्षयः स्यात् कथं विना
saṅkalpa-kṣaye sati jagat-kṣayaḥ syāt kathaṃ vinā
Cuando la intención es destruida, ¿cómo habría destrucción del mundo sin ello?
La pregunta retórica de Vasiṣṭha invierte la lógica del apego. Ordinariamente, tememos la destrucción del mundo —pérdida, muerte, cambio— como algo externo que nos afecta. Vasiṣṭha revela que el mundo que tememos perder ya es saṅkalpa, ya es nuestra construcción intencional. Por tanto, su destrucción ocurre continuamente: cada momento que la intención cambia, el mundo que sostenía cambia. No hay mundo estable que luego se destruye: es destrucción y reconstrucción perpetua, como el cine proyecta fotogramas distintos que dan ilusión de movimiento continuo. El kṣaya —destrucción— del saṅkalpa no es negativo sino liberador: cuando la intención compulsiva cesa, el mundo deja de ser amenaza porque deja de ser “mi” mundo. El jagat continúa, pero como jagat —aparición cosmica—, no como campo de deseos y temores personales. El Aṣṭāvakra Gītā (III.13) lo formula así: ātmānaṃ viddhi paraṃ mā pramādiṣṭa-bandhanam —“Conoce el sí mismo supremo, no la fuente de error y encadenamiento”. El pramādiṣṭa-bandhana —encadenamiento por error— es precisamente el saṅkalpa que toma el mundo como realmente externo y se aferra o rechaza. Cuando este error se disuelve en la quietud, la destrucción del mundo ya no asusta porque nunca hubo mundo separado del que lo percibía.