Jarāvagga · La vejez · Gāthā 149

Yānimāni apatthāni, alābūneva sārade; kāpotakāni aṭṭhīni, tāni disvāna kā rati.

Yānimāni apatthāni, alābūneva sārade; kāpotakāni aṭṭhīni, tāni disvāna kā rati.

Estos huesos desechados, como calabazas en otoño, de color de paloma — al verlos, ¿qué placer puede haber?

La imagen de los huesos abandonados como calabazas otoñales es una de las más vibrantes del canon pāli. Alābū son calabazas o frutos de corteza dura que en otoño se encuentran dispersos y desecados. Los huesos humanos, grisáceos como palomas (kāpotaka), tienen la misma apariencia de desecho natural.

Tāni disvāna kā rati — al verlos, ¿qué placer puede haber?: la pregunta retórica invita a la meditación de asubha (lo no-hermoso), una de las prácticas tradicionales del budismo. No se trata de morbosidad sino de realismo: el cuerpo que ahora adornamos y deseamos tendrá este destino.

Esta meditación tiene una función precisa: debilitar el apego al cuerpo y a los cuerpos. No para generar aversión sino para producir ecuanimidad ante lo físico, que permita una relación más libre y menos compulsiva con la corporalidad.

La imagen otoñal de las calabazas le da al verso una tonalidad más melancólica que macabra. Hay una belleza estacional en el otoño — la belleza de lo que pasa, de lo que cumple su ciclo y se deshace naturalmente.