Attavagga · El yo · Gāthā 157
Attānañce piyaṃ jaññā, rakkheyya naṃ surakkhitaṃ; tiṇṇaṃ aññataraṃ yāmaṃ, paṭijaggeyya paṇḍito.
Attānañce piyaṃ jaññā, rakkheyya naṃ surakkhitaṃ; tiṇṇaṃ aññataraṃ yāmaṃ, paṭijaggeyya paṇḍito.
Si uno se tiene por querido, que se proteja bien. Durante uno de los tres turnos de la noche, el sabio debe velar.
Attānañce piyaṃ jaññā — si uno se tiene por querido: la premisa es radical en su simplicidad. Si realmente te quieres a ti mismo — no con autocomplacencia sino con genuino cuidado — entonces el autocuidado espiritual es la consecuencia lógica.
Rakkheyya naṃ surakkhitaṃ — que se proteja bien: rakkha es proteger, guardar. Surakkhita es bien protegido. La protección que se describe no es física sino moral y espiritual: proteger la mente de los estados dañinos, proteger la práctica de la inercia.
Tiṇṇaṃ aññataraṃ yāmaṃ — durante uno de los tres turnos de la noche: la noche se dividía en tres yāma (turnos). El Buda recomendaba que el practicante dedicara al menos uno de estos tres a la práctica — meditación, reflexión, contemplación.
La enseñanza es práctica: no se pide dedicar toda la noche a la práctica, sino al menos un tercio. Esta moderación es típica del camino medio: ni la indulgencia total ni el ascetismo extremo.