Buddhavagga · El Buda · Gāthā 180
Yassa jālinī visattikā, taṇhā natthi kuhiñci netave; taṃ buddhamanantagocaraṃ, apadaṃ kena padena nessatha.
Yassa jālinī visattikā, taṇhā natthi kuhiñci netave; taṃ buddhamanantagocaraṃ, apadaṃ kena padena nessatha.
Aquel en quien no existe la red del deseo pegajoso que pudiera arrastrarlo a ningún lugar, ese Buda de alcance infinito, sin huellas — ¿por qué sendero lo guiaréis?
Yassa jālinī visattikā taṇhā natthi — en quien no existe la red pegajosa del deseo: jālinī (como red), visattikā (pegajosa, adhesiva), taṇhā (deseo, sed). Tres términos que describen la misma fuerza — el deseo compulsivo — desde tres ángulos: atrapa como red, se adhiere como pegamento, quema como sed.
Kuhiñci netave — que pudiera arrastrarlo a ningún lugar: netave es llevar, arrastrar. El deseo ordinario nos “lleva” de un objeto a otro, de una vida a otra. En el Buda, este mecanismo de arrastre ha cesado completamente.
La repetición del refrán (taṃ buddhamanantagocaraṃ apadaṃ kena padena nessatha) con distinta primera parte es un recurso del canon pāli. El verso 179 describe la victoria del Buda; el 180 describe la ausencia de deseo. Ambos llevan a la misma conclusión: el Buda es inconcebible para la mente ordinaria.
La pregunta retórica “¿por qué sendero lo guiaréis?” no busca desalentar sino admirar. El Buda ha trascendido todo sendero concebible. Seguir sus enseñanzas no es seguir sus huellas (que no existen) sino despertar la misma cualidad de visión.