Prakaraṇa 2 · Verso 6
मृगतृष्णिकयापन्नं यथा बाल्ये विलियते
mṛgatṛṣṇikayāpannaṃ yathā bālye viliyate
Como [el espejismo de] agua en que cae el ciervo se disuelve al acercarse, así [el mundo].
Vāsiṣṭha retoma la metáfora del mṛgatṛṣṇā —sed del ciervo— desde un ángulo procesual. No es que el espejismo sea eliminado por una acción externa; se disuelve (vilīyate) por la mera proximidad del conocimiento correcto. Este es el principio del āropa-nivṛtti, la remoción de superposición: no se destruye nada, solo se deja de proyectar. En el yoga contemporáneo hablamos de “soltar apegos”, pero aquí hay algo más sutil: no hay nada que soltar porque nunca hubo nada firmemente establecido. El bālya, la infancia o estado inmaduro del buscador, es aquella condición donde persigue ilusiones. La madurez espiritual (paripakva) consiste en reconocer que lo buscado nunca existió como tal. El ciervo no necesita “superar” su sed de agua ilusoria; simplemente, al acercarse, ve que no hay agua. Así el yogui maduro: no lucha contra el mundo, sino que al aproximarse al conocimiento no-dual, el mundo se revela como vivarta inofensivo.